¿Quién no ha jugado a papás y mamás?, ¿a ser dependienta de un supermercado o a ir hacer la compra?, ¿recuerdas cuándo veías una escoba o fregona de juguete y te volvías loco/a?, o, ¿cuándo te regalaron tu primera cocinita?

 

Todos estos juegos, a simple vista parece que sean eso, simples juegos y nada más, pero detrás de todos ellos se esconden un sinfín de beneficios para nuestros hijos/as.

El juego simbólico es una experiencia vital de la infancia que posibilita transformar, crear otros mundos, vivir otras vidas, jugar a ser otros, y así saber que existen formas de pensar y sentir diferentes a la propia, esencial en el desarrollo de nuestros hijos/as.

El juego simbólico empieza a manifestarse a la edad de 2-3 años. A los dos años el símbolo aún es muy egocéntrico y el niño/a juega solo/a, simbolizando algunas acciones que habitualmente realiza en su vida real, trasladándolas a su juego con otros objetos. Posteriormente, empezará a realizar las acciones de los adultos y las trasladará a sus muñecos.

A los 3-4 años el niño/a ya ha establecido el juego simbólico de forma enriquecedora y posee la imaginación para construir escenas enteras y completas de situaciones reales que traslada a su juego.

Hacia los 4-5 años se establece un juego simbólico colectivo y se va asemejando cada vez más a la realidad que se imita para adaptarse a la necesidad de compartir el simbolismo con los compañeros del juego.

Es un juego que surge de manera espontánea, no se planifica, son los mismos niños/as los que comienzan a ejecutarlo sin que nadie intervenga. A través de la interpretación de diferentes roles, los niños/as efectúan su propia interpretación del mundo que les rodea. No hay que intervenir en este tipo de juego, es un juego totalmente libre y hay que respetar su elección, no es nada malo que un niño juegue con bebés o a “cocinitas”, ni tampoco que las niñas jueguen con camiones o las construcciones. Dejemos a un lado los estereotipos con los que hemos vivido hasta ahora, respetemos la elección de nuestros hijos/as, lo que realmente les apetece y las hace sentir felices, al final todos queremos que nuestro hijo/a sea feliz, ¿verdad?

Entre los beneficios que aporta el juego simbólico en nuestros hijos/as, destacamos los siguientes:

  • Favorece el desarrollo cognitivo: relación entre el juego y el lenguaje.
  • Favorece el desarrollo de la socialización: se aprenden y practican rutinas interactivas de habilidades sociales.
  • Contribuye a su desarrollo emocional.
  • Desarrolla la capacidad imaginativa.
  • Permite representar situaciones mentales reales en ficticias.
  • Favorece la comprensión y la asimilación del entorno y del mundo que les rodea.
  • Favorece la maduración del juego, que más adelante se convertirá en un juego colectivo y con reglas.
  • Con el tiempo, se transforma y se parece cada vez más a la realidad, por lo que podemos obtener mucha información del niño/a a través de su juego.

 

Nuestro papel en este juego es el de observadores, podemos intervenir y jugar con ellos/as cuando lo requieran, pero no debemos desentendernos nunca de este tipo de juego, ya que se trata de un juego que es realmente importante para el desarrollo del niño/a y os puede proporcionar mucha información sobre vuestro hijo/a.

Introducir el juego simbólico a nuestros hijos/as es tan fácil y sencillo como abrir el cajón de los cubiertos y darles un par de cucharas y un par de tarritos/botes, o darles un peine o cualquier objeto que tengamos en casa y utilicemos en nuestro día a día, automáticamente nuestro hijo/a empezará a reproducir lo que ve.

Os ánimo a que disfrutéis de este tipo de juego con vuestro hijo/a, es tan enriquecedor para ellos como para nosotros, nos brinda la oportunidad de conocer un poco más a nuestros hijos/as, y conforme se van haciendo mayores y éste tipo de juego va evolucionando podremos detectar posibles “problemas” en nuestros hijos/as.

Así que, ¿preparados?, ¿listos?… ¡A JUGAR!

 

PATRICIA RUBIO ~ Educadora Infantil y coordinadora RR.SS C.E.I. Colorets