El pasado 17 de abril nuestra psicóloga Verónica Monsonís e Isabel García, nuestra directora, se reunieron en el Instagram de C.E.I. Colorets para resolver las dudas que durante el confinamiento estaban surgiendo a todas las familias, aportando así nuestro granito de arena para ayudar a todas las familias.

A continuación os dejamos el resumen de este directo con las preguntas formuladas por las familias y las respuestas que Vero les dio.

 

1.- “Mi hijo se muestra ansioso en algunos momentos del día, como más nervioso de lo habitual y hay momentos en que me parece que está súper decaído. ¿Es posible que las niñas y niños sientan ansiedad, estrés o depresión como los adultos?”:

Todos/as las niñas y niños sienten igual que los adultos. De hecho muchos no tienen aún habilidades para gestionar sus emociones, lo que incrementa las sensaciones de bajo estado de ánimo y/o estrés. Por ello, para disminuir su ansiedad podemos:

  • Programar actividades en casa que fortalezcan la confianza, creando un clima agradable (no llenar el tiempo por llenar).
  • Que estén llenos de una buena comunicación, RECUERDA QUE NOSOTROS SOMOS MODELOS suyos de lo que hacemos, pensamos y responsables de que su angustia aumente o disminuya. Cuidado con los mensajes que se lanzan de ansiedad por la situación que vivimos.
  • Mantener horarios habituales: Mantener unas rutinas más o menos estables también es importante. “Los niños/as, a estas edades, dentro de la desorientación vital en la que están, necesitan tener una estructura que todos los días sea más o menos parecida para que disminuya su nivel de ansiedad.
    ​«Hay niños/as que lo llevan mejor o peor y lógicamente depende de la edad, pero la sintomatología es parecida: más rabietas, más ansiedad, problemas para dormir; en el caso de los pequeños se dan casos de regresión a una etapa inferior en el desarrollo, como querer dormir con los padres si ya no lo hacía, volver a pedir el chupete o problemas en el control de esfínteres.
  • Mantener unas rutinas de horario en las que se incluyan actividades de ocio, incluir actividades diferentes de cuando en cuando y alguna deportiva aun estando en un espacio pequeño y cerrado pueden ayudar también a llevar mejor el confinamiento. Y es que muchos de los niños/as están acostumbrados a tardes de parque y actividades extraescolares deportivas en las que descargar energía, por lo que el sedentarismo les afecta especialmente y su sueño lo nota.
  • ​Hay que empatizar mucho con cómo se sienten, informarles pero tampoco sobre informar, mucho cuidado con los datos y cosas que decimos delante de ellos/as. Es normal que a veces estén tristes, aburridos, hay que decirles que les entendemos e intentar canalizar la energía hacia las cosas que sí podemos hacer.
  • Inculcar hábitos (lavarse las manos, higiene, de alimentación…).
  • Reducir su exposición a contenidos móviles, tabletas y TV.
  • Conversar de sus sensaciones diarias (aspecto emocional MUY importante).

 

2.- “Parece que cuánto más estoy con ella más quiere de mí. Hasta ahora le he ofrecido todo mi tiempo pero ella quiere más y más, de hecho, si no consigue que enseguida la atienda se enfada muy intensamente (llora, chilla, patalea…) y me saca de mis casillas. ¿Qué puedo hacer?:”

Lo primero que hay que dejar claro es que las rabietas son normales, “todos los niños/as tienen rabietas”. Lo que sucede es que “nos cuesta mucho gestionar las rabietas de nuestros hijos.

“Cuando un niño/a o cuando una persona está alterada no atiende a razones. Empezar a darle la “chapa” o darle largas explicaciones de por qué no se puede, no surten ningún efecto. ​Tenemos que controlar mucho más el cómo lo decimos o el tono que el contenido del mensaje”.

Tampoco tiene sentido echarle leña al fuego y empezar a gritarle “siempre estás igual, siempre me la estás liando”. Con esto solo conseguirás que la rabieta se mantenga en el punto álgido más tiempo.

  1. “Cuando estamos con el niño/a tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, tenemos que bajarnos a su nivel, hablarle con calma y mirarle a los ojos.”
  2. “Transmitir afecto y contención emocional. Los niños son muy sentidos y se dan cuenta de cuando estamos enfadados y pueden dudar de que les sigamos queriendo. No está de más que de manera explícita les digamos cuánto les queremos. “Mira, cariño, te quiero mucho, pero esto no es posible”. Agachados, mirándole a los ojos, en un tono bajito”.
  3. “Evitar las grandes explicaciones. Repetir el mensaje tranquilamente, acompañándoles”.
  4. “Redirigir, apelar a su mente racional, pero no cuando esté tirado en el suelo del supermercado gritando”.

Otro de los puntos difíciles en la gestión de las rabietas y que nos hacen dudar es si en algún momento debemos ceder o no.

Se puede ceder, pero tenemos que tener en cuenta dos cosas: primero, que sentamos precedente y, segundo, ojo con el momento en el que cedemos. Si nos pide el huevo de chocolate y nosotros no queremos dárselo, podemos ceder, pero antes de darle una respuesta negativa. “Lo que sí tenemos que evitar a toda costa es decirle: ‘No, no te pienso comprar el huevo de chocolate’. El niño estalla en una rabieta y después de cinco minutos de rabieta, para no escucharle más, cedemos y le compramos el huevo de chocolate”. Eso sí que es un error porque aprende que la rabieta es un recurso válido para conseguir sus objetivos. Una vez iniciada la rabieta, lo mejor es no ceder.

Somos su ejemplo. El modelo que les damos es muy importante. Ellas y ellos nos están observando las 24 horas del día y somos su ejemplo, por lo tanto:

“Si no queremos que chillen, no tenemos que chillar nosotros. Si no queréis que usen la fuerza con los demás, no utilicéis vosotros la fuerza. Ceded si queréis que ellos sean flexibles y que de vez en cuando puedan ceder. Si queréis que ellos pidan perdón, vosotros también podéis pedir perdón”, aconseja.

Dicho todo esto debemos hacernos una pregunta cuando se den muchas de estas rabietas: “¿Es tan importante? Es decir, que quiera el sándwich en triángulos en vez de en cuadrados, ¿merece tanto la pena una gran discusión?”; “son cosas que mañana no van a tener ninguna importancia y por esas cosas pequeñitas no vamos a crear niños/as consentidos. Estamos siendo sensibles al momento de desarrollo en el que se encuentran”.

En resumen, la situación actual que estamos atravesando, nos afecta a todas y todos de alguna manera. Estamos más irascibles y a veces desanimados y, ésto, también pueden sentirlo nuestras niñas y niños que lo demostrarán a través de rabietas más intensas y numerosas en el tiempo.

Recordad que caer en la desesperanza no nos ayuda a manejar nuestro día a día. Debemos tener los pies en el presente y, aunque es muy difícil no pensar en lo que vendrá, centrarnos en mayor medida en vivir el aquí y ahora, aferrándonos a él como una oportunidad para ser más resilientes, aprender a mejorar como personas, a pensar en lo que realmente nos gusta, en si éramos felices, si queremos cambiar algo…
Si nuestra actitud a pesar de las circunstancias es positiva, podremos generar más pensamientos positivos basados en la realidad. Cuantos más pensamientos negativos se apoderen de nosotros, más afrontaremos la realidad desde el análisis irracional y la desesperanza.

Tomemos este tiempo para reinventarnos y crecer emocionalmente como madres, padres y personas individuales que somos, porque cada día es un día más en el que habremos ganado. ¡TODO SALDRÁ BIEN!

 

VERÓNICA MONSONÍS FAR

Psicóloga, Máster en Psicología Clínica, especializada en Educación Emocional, Maestra de Educación Infantil especializada en Pedagogía Terapéutica.

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